¡No me lo puedo creer! Y tenemos frente a nosotros al mico de cuatro años que nos mira con cara de jugador de póquer, negando una y otra vez que él tenga, haya tenido o haya podido tener relación alguna con el ribete de pasta de dientes que rodea, a modo de guirnalda tricolor, la tapa del váter. 

No sabemos cómo reaccionar, nos sentimos desorientados, creemos que nuestros desvelos, nuestra dedicación, nuestras preocupaciones desde el pasado año bisiesto hasta el presente se escapan bajo esa guirnalda tricolor, sin necesidad de tirar de la cadena ni de levantar la tapa. Es posible que nos enfademos con el niño, que le gritemos, que le afeemos su conducta… o que entremos en su juego, preguntándole y haciéndole ver las contradicciones de su postura, con lo que le esforzamos a pensar, a rebatir, a discutir y, si hay suerte, a llegar a acuerdos razonables. 

También el engaño está en la base de la literatura y del arte en general. ¿Qué ocurriría si alguien en el cine se levantase y comenzase a gritar: ¡Esta película es una mentira, pues los dragones no existen!? 

La mentira es un paso hacia la madurez. Es muy importante desde el punto de vista lingüístico, pues supone el comienzo de la creación literaria. A partir de una mentira, es decir, de una visión distorsionada de la realidad, podemos lanzarnos de la mano del niño a explorar mundos. En la historia de la literatura se ha utilizado en muchas ocasiones la mentira como elemento dentro de la ficción. Tenemos el caso de Pinocho, el mentiroso, al que le crece la nariz (“Hay dos clases de mentiras” le dice el hada “las que tienen las piernas cortas y las que tienen la nariz larga”) o don Quijote que crea su propio mundo de fantasía gracias al poder de su palabra. 

En nuestra escuela queremos acompañar a los niños en su viaje literario, pues están sentando las bases de su visión del mundo: Un lugar en el que reina la ficción es un buen lugar para probar formas de comportamiento, ensayar afectos y afirmar voluntades. Para ello, os dejamos como ejemplo  un cuento que trata la mentira como recurso para crear una realidad que puede ser cercana al niño: El ratón que comía gatos, de Gianni Rodari.

El ratón que comía gatos
Gianni Rodari

El cuento con el que vamos a trabajar fue publicado bajo la recopilación de Cuentos por teléfono (un libro que os recomiendo), pero ahora ha sido editado  de forma autónoma. En él un fanfarrón ratón de biblioteca se jacta de ser un gran devorador de animales, pero de cuentos. 

Para abordar este texto y fomentar la imaginación, os dejamos dos materiales. El primero son unas tarjetas con algunas informaciones sobre varios animales, a partir de las cuales los niños deben reflexionar a qué saben cada uno de ellos.

A qué saben los ratones
Tarjetas para reflexionar

 El segundo material tiene como objetivo que los niños relacionen las figuras de animales que aparecen en los cuentos y su representación real y a partir de ello, reflexionen sobre las características que se le atribuyen a los personajes de los cuentos y su cercanía o lejanía con la realidad.

Personajes y realidad

 Por último es necesario que no olvidemos que la mentira es un recurso literario, argumentativo y un mecanismo de inclusión social, todo esto, producto de nuestra lengua, por lo que ¿debemos dejar que los niños mientan para desarrollar su competencia lingüística?

Acerca del Autor

Liceo Hispánico

Liceo Hispánico es una prestigiosa escuela especializada en la enseñanza de la lengua y cultura española. Creadores del sistema Lengua Habilidad, el primer y único método existente en España que aumenta todas las habilidades cognitivas a partir de técnicas lingüísticas.

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