Principios Metodológicos:

Los principios metodológicos que sustentan nuestra escuela atienden a una idea general: crear seguridad en el alumno para hacerlo autónomo en el aprendizaje del idioma a partir de la emoción y del desarrollo de otras capacidades adyacentes a la adquisición de la lengua

A continuación enumeramos una serie de principios que sustentan la base de nuestras actividades, de nuestros materiales, de la forma de enseñar y del ambiente de nuestra escuela. 

  1. Partimos de lo que los alumnos saben para usarlo como trampolín en la adquisición de nuevos contenidos: Los estudiantes no están vacíos, están llenos de conocimientos y de experiencias que pueden usar para la adquisición de la nueva lengua.

    Cuando se aprende léxico, es necesario que el alumno adquiera tres facetas de la palabra. Por un lado el significante o forma, por otro el significado o concepto al que alude y por último el referente o representación real del elemento. De esos tres componentes, por lo general, el aprendiz conoce el significado y el referente, pues normalmente los conceptos léxicos no difieren de una lengua a otra, es decir, una mesa es una mesa y sirve para lo mismo en todas las culturas. Lo único que varía es el significante, que en español está constituido por /m-e-s-a/ y en inglés por /t-a-b-l-e/ por ejemplo. Si partimos del hecho de que de las tres facetas de la palabra, el alumno tiene dos adquiridas, lo primero que debemos hacer es activarlas (a partir de imágenes, definiciones, conceptos, relaciones, etc) para que de este modo sea consciente de que hay cosas que ya sabe y que pueden servirle en la adquisición de la nueva lengua.

    Como padres, nos hemos visto noche tras noche sentados en la cama de nuestros hijos leyendo el mismo libro, pues el hecho de poder anticipar el contenido, incluso el ser capaz de repetir párrafos de memoria, proporciona seguridad a los niños y les da la posibilidad de centrarse en otros aspectos, como por ejemplo la relación con la persona que les lee o los dibujos de la historia. Si conocen el cuento que estamos leyendo, pierden el miedo a que pueda aparecer un personaje que les dé un susto y lo escuchan con placer. El hecho de que uno de los recursos que usamos en nuestras clases sean cuentos que los niños conocen previamente, no es casual, pues conocer la historia de antemano les proporciona confianza, les da seguridad y los enfrenta a la adquisición de la nueva lengua con un conocimiento previo, lo que les permite centrarse en otros elementos como las palabras, las estructuras, la entonación o el propio disfrute por la lectura.

    Cuando una persona se enfrenta al aprendizaje de léxico nuevo, aprende como máximo 16 términos. Si creamos un corpus de términos que el alumno tiene que aprender sin tener en cuenta los que sabe previamente, podemos caer en el error de enseñarle palabras que ya conozca, perdiendo de este modo la posibilidad de que aprenda los 16 para los que tiene capacidad. Por ello, es necesario que hagamos ejercicios previos para saber qué términos conocen nuestros alumnos y con ello activar la parcela del conocimiento en la que queremos incluir términos nuevos.
     
  2. Tratamos a los alumnos con respeto, pues entendemos que cada alumno es diferente y que está haciendo un esfuerzo viniendo a nuestras clases.

    Atendiendo a esta idea trabajamos en grupos reducidos, en los que se tienen en cuenta las necesidades de la persona. Esto nos lleva a entender que es imposible unificar la forma de enseñar, pues cada alumno tiene unas expectativas y unos intereses diversos. Hay alumnos a los que les encanta hablar de sí mismos y de sus experiencias y a otros en cambio, les resulta complicado. Esto tiene un nombre, competencia existencial y pertenece a la experiencia previa de los alumnos y condiciona el aprendizaje. Tiene relación con la personalidad, las creencias, los valores, con la apertura a la adquisición de nuevas culturas y la motivación previa, entre otros factores. No aprende igual un alumno al que le gusta hablar, que uno introvertido, uno optimista que otro pesimista, uno vergonzoso o perezoso que otro tenaz y seguro de sí mismo. Todo esto hay que tenerlo en cuenta y usarlo en beneficio del grupo y de la adquisición de la lengua.

    Hay veces que determinadas situaciones hacen que los niños pierdan el interés por el aprendizaje de la lengua. En estos casos, suele ser la competencia existencial la culpable, por lo que basta con retomar algún aspecto de su personalidad que lo haga sentir confortable y usarlo en clase. Puede ser un personaje, una canción, una actividad que se le dé bien. En algunos casos, sobre todo cuando el alumno viene de otra escuela, es normal que nos pongamos en contacto con los padres para conocer los gustos del alumno (música, libros, aficiones, facetas en las que destaca, valores, etc.) y así poder engancharlo y que empiece con emoción.

    A veces, a los adultos y a los adolescentes les da vergüenza de hablar de sí mismos, a diferencia de los niños, que es lo único que quieren, por lo que cuando nos encontramos con este perfil de alumno cambiamos el foco de atención y les pedimos que hablen de otra persona, o que mientan. Poco a poco, entienden que reflexionar sobre quiénes son y dar su punto de vista sobre determinados aspectos, puede ayudar a comprender la lengua, pues si somos capaces de conocernos, seremos capaces de saber cuales son nuestras fortalezas y usarlas para adquirir la lengua.

  3. El nivel de lengua de cada alumno depende de muchos factores y que varía en cada faceta de la lengua.

    Un alumno que está acostumbrado a ver la tele en el idioma que aprende, tendrá mucho nivel en compresión oral, pero puede que poco o nada en expresión escrita. Igual que uno que ha estudiado de manera meramente académica con ejercicios gramaticales y algo de léxico, con un alto nivel en las destrezas escritas pero poco en las orales. Con esto debemos tener en cuenta que los materiales que usamos tienen que ser polivalentes y propicios para usarse con distintos niveles dentro de una misma clase.

    Imaginemos a un alumno que ha veraneado año tras año en España con su familia, ha recorrido nuestro país de norte a sur y se ha empapado de nuestra cultura, pero siempre se ha comunicado en su lengua. Su nivel de competencia cultural será similar al de un nativo, incluso superior en muchos casos, pero probablemente su nivel en competencia gramatical sea muy bajo.

    Pensemos en un niño al que se le da bien la imitación o en otro que tiene mucho interés por la lectura. Para el primero las competencias relacionadas con la oralidad serán un punto fuerte, mientras que el segundo tendrá más facilidad con las destrezas escritas y la competencia léxica por ejemplo. Ahora un niño que sólo ha aprendido la lengua extranjera dentro del sistema educativo español, en una clase de 25, con un método basado en la adquisición de destrezas escritas, con un contacto escaso con la lengua, tendrá un nivel alto de comprensión y expresión escrita, pero bajo o nulo de comprensión y expresión oral. Por eso, nuestras clases están basadas en la adquisición de las destrezas orales.

  4. El aprendizaje no es fruto del esfuerzo, si no del aumento de la confianza y de la emoción.

    Cuando algo nos emociona, nos entran ganas de conocerlo, de adentrarnos, de aprenderlo. Venimos de un sistema educativo en el que el alumno que aprendía un idioma era considerado un saco vacío que había que llenar de conocimientos que estaban en manos del profesor, o en su libro de texto, o mejor aún, en el ‘libro del profesor’ donde se encontraban todas las respuestas. La adquisición de contenidos en este contexto sólo era posible como fruto de un esfuerzo sobrehumano, basado en la memorización y en el que sólo había una respuesta correcta, la que venía en el libro. Frente a esta idea, proponemos un aprendizaje relajado, un contexto en el que el alumno tenga ganas de participar y lo haga con entusiasmo, hablando de lo que sabe, de lo que piensa, pues no olvidemos que muchas veces la dificultad en la comunicación radica en que no sabemos qué decir, aunque sí sepamos cómo hacerlo.
     
  5. Es imposible medir el nivel real de lengua de un alumno, pues depende de factores tan básicos como el momento del día en el que se mida.

    Entendemos que el idioma tiene muchas facetas y que es imposible tener el mismo nivel de lengua en todas. Por ejemplo, pensemos en un alumno que ha aprendido la lengua hablando, tendrá un nivel de comprensión y expresión oral muy alto y probablemente pueda hablar de todo, pero no sea capaz de escribir un email o de rellenar la solicitud de una beca. Esta idea nos lleva a plantearnos para qué sirven los certificados. A medida que la lengua se usa se mejora, se amplía, se llena de competencias, al igual que si dejamos de hacerlo la perdemos. Certificar significa medir el nivel de determinados aspectos de la lengua en un momento dado, en un contexto en el que el alumno no se siente cómodo porque está siendo evaluado, y por lo tanto, está nervioso.

  6. No basta con saber una lengua para poder enseñarla.

    No somos sólo profesionales de la lengua, sino también de la didáctica. Estamos hartos de escuchar que nuestro profesor nativo de inglés es veterinario o ingeniero, hecho que nos lleva a pensar que para ser profesor de una materia, basta con ser usuario de la misma. Siguiendo con este principio podemos afirmar que para ser veterinario basta con saber cuidar a una mascota, pero a nadie se le ocurriría decir esto ¿verdad?, pues como usuarios tenemos capacidad para elegir el pienso de nuestro perro o determinar algunas enfermedades básicas de nuestras mascotas, pero nunca llegaríamos a operar a nuestro gato. Para ser profesional y no usuario hay que estudiar, que reflexionar, que manejar el campo de trabajo y sobre todo, tener un punto de vista propio, como veterinario, como ingeniero y por supuesto, también como profesor de lengua. Si queremos darnos cuenta de lo necesaria que es la formación y la reflexión en los profesores, debemos plantearnos como hablantes nativos de español si podríamos explicarle a un extranjero la diferencia entre indicativo y subjuntivo en nuestro idioma o algo más fácil, los verbos ser y estar. Cuando lo pensemos detenidamente, nos daremos cuenta de que para ser profesor de una lengua no es suficiente con ser nativo.

  7. La lengua puede servir para hacer muchas cosas, para conseguir muchos objetivos.

    El problema de la falta de consecución no depende del conocimiento de la lengua, sino que nos faltan las herramientas para hacerlo. Pensemos en un saxofonista que tiene que dar un concierto al que le roban el instrumento, sabe música, conoce la partitura, pero no puede satisfacer al público por algo que no depende de él. Con la lengua pasa lo mismo. Nuestros alumnos pueden saber la teoría sobre los pasados en español, pero no entender la diferencia emotiva de un hablante cuando dice ‘me dejó en marzo’ o ‘me ha dejado en marzo’. La comprensión plena del mensaje se desprende de la capacidad del profesor para hacer que sus alumnos reflexionen sobre la lengua

Con el método de Lengua Habilidad, te damos las claves de la lengua para que la hagas tuya y la uses con tu punto de vista y tu conocimiento, te proporcionamos las herramientas para que puedas comunicar exactamente lo que quieres comunicar. Somos especialistas y sabemos cómo hacerlo. 

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